El sabadete
¡Qué buen día es el sábado! Sin el ajetreo de los viernes ni el desconsuelo pre-lunes del domingo, el sábado es un día bien majo, casi tanto como los jueves por la noche, cuando Madrid se engalana para los juerguistas que nos gusta disfrutar del selecto público que sale ese día. ¡Viva er juevé!
Y es que un sabadete es un día tan completo que da tiempo a hacer cantidad de cosas. Por poner un ejemplo, os contaré que hice el sábado pasado.
Como no salí el viernes, dormido me quedé en el sofá de la manera más tonta, el sábado me levanté a una hora prudente (prudente = tarde en mi vocabulario) y me fui a jugar al basket con Pablete y, por una vez, ganamos. ¡Aúpa Perejil!
Como salí pronto y aún no era la hora del yantar, fui a tomar un aperitivo con la chatunga que a veces también hay que fichar. Ummm... esperemos que no lea esto. :P
Total, cuando la dejé ya si que era la hora del yantar en mi casa, es decir, las 5 de la tarde ó hora de la siesta para los raros. En fin, que el miccolo padre se había currado una paellita que estaba rica, rica y con fundamento que diría el Arguiñano, y que acompañada de su buen vino hizo necesaria y fundamental su siesta de rigor, que me llevó buena parte de la tarde.
Me desperté animado y me puse a tocar el bajo, aporrear concretamente, mientras miraba un poco el ordenador e intercambiaba llamadas con Igue principalmente, pensando ya en la nocturnidad que se avecinaba.
Sin embargo, entre que algunos tenían planes y que otros no cogían el teléfono, resolvimos quedar a eso de las 12 para tomar una cerve y ver la peli nueva de Bond. Luego ya se vería.
Total, que tras conseguir aparcar en Fuencarral, que está ultimamente (y siempre) fatal, sacamos las entradas y nos acercamos a una cervecería minúscula que descubrimos esa misma noche y que tiene por buen nombre Oldenburg. Impresionante la carta de cervezas. Todo un archivador para escoger. Nosotros probamos una cerveza rubia de barril belga realmente deliciosa. Ese sitio ha quedado marcado con una "equis". Buena cerveza, precio razonable, servicio atentísimo, al lado de mi cine favorito. Dios... ¿estaremos ante el fin de la época dorada de La Tira?
Luego la peli. A mi me gustó quizá porque Daniel Craig no me inspiraba demasiada confianza cuando no lo hace nada mal y, contra costumbre, no me abrumó el exceso de metraje (dos horas y media).
Pero claro, a eso de las 3:30 nos encontrabamos Ig y yo en pleno Fuencarral sin ninguna gana de ir a dormir y con poco que hacer. Solución: Llamar a Andi que para algo es mi hermano y preguntarle por donde andaba. Más cerca imposible. Exactamente a cincuenta metros.
Allá que fuimos y un par de copichuelas cayeron en el local, más bien antro, donde estaba con Meri y Cris. Ummm hay que decir que también estaba Cata, la chatunga de Ig, y que por ello nos quedamos un rato, de hecho, hasta que cerró y su buena horita posterior de paseo madrileño, siguiendo a una tía que no conocíamos de nada pero que era su cumple y que se había invitado a una copa. ¡Bravo!
Total, que nos dieron las tantas haciendo el canelo y unas cuantas risas en la calle y nos hubieramos quedado otro tanto si Andi, afectado por alcoholes, no hubiera exigido el fin de la reunión.
Que grande el sabadete... ¡cómo me gusta el sabadete!
Posted by Jarvis



