Lo prometido es deuda. En algún momento del viernes Pineapol insistió en que refiriera los sucesos acaecidos durante la noche + madrugada + mañana del viernes al sábado y bueno, aquí estoy para contarlo. Lástima que no tenga bluetooth en el pc para poder pasar alguna fotico.

No obstante... tengo esta del chiringuito de Las Rozas que si merece ser publicada y a la que Mario ha dado el visto bueno.

Todo empieza en casa de Mariquilla, donde nos habíamos reunido cien personas ó más, tranquilamente, con festivas intenciones. Bien es cierto que son tres hermanos y que las fiestas en casa de los Campos son cojonudas pero ese día había más gente que nunca. Como en el chiste de los gitanos, que si pegas a uno salen diez, pues aquí igual.

Y logicamente, si a cien personas en una casa, por grande que sea, como es el caso, le añades botellas y botellas de alcoholes varios, acaba por desmadrarse el asunto y convertir una simple fiesta en un fiestón por todo lo alto. Y si no que se lo digan a Ig, bueno... a Ig no, que es un llorón y a las tres se fue a llorar a casa. Cero puntos my friend. No obstante, poco antes habían llegado Andi y Pineapol (sin botella alguna, ¡gorrones! ¬¬) que ocuparon el lugar dejado por Nacho. No sé si Mario se percató de esto porque se pasó toda la fiesta a su bola con un pedal de campeonato.

Y mientras Wario iba a su bola, la fiesta continuaba demarrando de manos de la música que, por mediación de Beti y Cía, que se habían hecho fuertes en la minicadena, comenzaba a sonar temazos, desde la banda sonora de Reservoir Dogs, que siempre ofrece penosos pasos de baile de la concurrencia al muy elegante Marcial, eres el más grande.

Quizá esto último no sea cierto, pero como si lo fuera, pues Bustamanders, conchavado con Wario alteraron tan grande pasodoble en honor a la tonalidad de mi jersey. Y cito:

Moradito... eres el más grande
Moradito... eres el mejor

Fin del pasodoble. Bueno... fin en cuanto a letra pues a cada paso que daba escuchaba los gorgoritos de los alegres cantores. Obviamente, todo esto con la gran entonación que otorga el ron, el mucho ron.

Cómo tampoco me acuerdo de mucho más decir que la fiesta prosiguió hasta las 6 y media, al menos para Pineapolis, Andi, Wario y yo que, tras un fracasado intento de desvalijar la cocina de Mariquilla en busca de opíparas viandas, muertos como estábamos de hambre nos marchamos a desayunar, comer, cenar o lo que diablos se coma a esas horas de la mañana.

Luego supe que la fiesta no sólo siguió, sino que aumentó en número con la llegada de un hermano de Mariquilla y sus amigos, tras haber estado de fiesta un ratete. También me enteré de que sí había comida y nosotros no la encontramos. Reflexión: ¿Cegaría el ron nuestra vista? Naaaa, ¡no pué ser!

Volvamos a lo nuestro, es decir, el desayuno pendiente. Con gran esfuerzo por parte de Piña que es novel conduciendo a la tierna edad de 23 (touché Pineapo, touché), conseguimos llegar hasta la BP de Las Rozas, y porque no había nada más lejos que sino...

Por votación popular Moradito, digo... yo, fui designado portavoz con el gasolinero que, viendonos venir, torció el gesto y con gesto ceñudo se acercó hasta la caja nocturna con cara de "tengo una escopeta y pienso utilizarla".
Pero bueno, nosotros también somos tipos duros y pusimos cara de "dame un sangüis o unos boacabises desos" (palabras textuales) y no hubo tiroteo ni nada en plan peliculero.
A partir de ahí, una hora delante de la caja nocturna, entre sandwiches de atún, cangrejo y no-pollo (el que le gusta a Piña a pesar de ser pan con pan, de ahí el nombre de no-pollo y... estoy sembrao, ¿a que sí?) y Bocabits, también conocidos como "Bocabises desos".

Más peliagudo fue el beber pues el malvado gasolinero no quiso vendernos cerveza, a pesar de pedírselo con educadas palabras:
"¡¡pst, dame una cerve y un cheesewhopper beicon!!"
Y nos tuvimos que contentar con compartir tres litros de agua con Andrés, que se traduce en un tapón para repartir entre los tres y el resto para él. Sólo Wario, exponiéndose a un resacón brutal, se atrevió a beber un Okay de chocolate que, si ya sienta mal de por si, combinado con un sangüis de cangrejo se convierte en dinamita. Sin embargo, el muy jodío lo ha resistido y aún camina.

Total, que 15 sangüises y cuatro bolsas de bocabises desos y unas buenas risas después, alguna que otra merced a la tocada de huevos al gasolinero a través del interfonillo ese, llegamos a la conclusión que era hora de pirarse a sobar que ya habían dado las siete y, al parecer, a esa hora ya han puesto las calles...

¡Buenas noches!

Posted by Jarvis